¿A QUÉ FRECUENCIA VIBRAN TUS NEURONAS?

¿A QUÉ FRECUENCIA VIBRAN TUS NEURONAS?

Todo vibra y, por tanto, podemos decir que todo tiene un ritmo. Nuestro cerebro  también tiene un ritmo, que son las ondas cerebrales: pequeñísimos impulsos eléctricos que van de neurona en neurona. De esta manera se comunican los trillones de neuronas que tenemos en nuestro cerebro, que hoy es muy fácil medir a través una electroencefalografía.

 

Sabemos que existen 5 ritmos u ondas cerebrales,

De distinto voltaje, que  generan  campos electromagnéticos de distinta frecuencia (vibraciones por segundo):

Ondas Delta (frecuencia 0,5 Hz – 3,5 Hz)

10 – 50 micro voltios. Es el estado de sueño muy profundo, trance,  hipnosis profunda. Es esencial para la autorregulación, para fortalecer el sistema inmunitario  y la sanación de nuestro organismo. Para algunos, es la energía original. Cuando hablamos de un “sueño reparador”, ésta es la etapa esencial. Por eso es muy importante solucionar los problemas de sueño o insomnio continuados o crónicos.

 

Ondas Theta (frecuencia 4 Hz -8 Hz)

50 – 100 micro voltios.  Es el estado que normalmente tenemos cuando estamos a punto de dormirnos, de somnolencia. Va desde el sueño superficial al profundo (4 Hz). Ocurre cuando hay un equilibrio entre los hemisferios izquierdo y derecho, es decir, cuando vibran a la misma frecuencia. Es un estado de relax físico y mental, meditación, inspiración, armonía. Mayor capacidad de aprendizaje. También puede surgir como un mecanismo de defensa, de reactividad emocional, para no revivir eventos dolorosos o traumas del pasado.

 

Ondas Alfa (frecuencia 8 Hz – 12 Hz)

100 – 150 micro voltios.  Es el estado de relajación ideal, calma, optimismo, mente tranquila, sin discurso mental continuo, muy adecuado para la creatividad y visualización. Nos centramos más en nuestro interior y nos desconectamos del exterior.

 

Ondas Beta (frecuencia 15 Hz – 18 Hz)

150 – 200 micro voltios.  Es la frecuencia habitual cuando estamos despiertos, muy probablemente en la que estás ahora al leer este post. Es un estado de alerta máxima, nos enfocamos más en el exterior;  en el que procesamos el lenguaje, podemos hacer cálculos matemáticos, conducir, etc. Por encima de esta frecuencia ya empezamos a estar estresados.

 

Ondas Gama (frecuencia 40 Hz en promedio)

Más de 200 micro voltios.  Alto nivel de estrés. Es la actividad eléctrica más alta del cerebro, puede llegar a los 100 Hz. Sucede cuando distintas zonas cerebrales se ponen en marcha a la vez, por ejemplo cuando las neuronas están trabajando demasiado rápido, en procesos complejos, que exigen mucha concentración y coordinación de distintas áreas del cerebro: una alta concentración al hacer un cálculo matemático, sentir pánico, un ataque de ansiedad, la meditación de monjes budistas, etc.

 

¿Qué tiene que ver esto con el  sonido terapéutico?

Gracias a las investigaciones de neurocientíficos y neurobiólogos, entre otros, sabemos cómo la frecuencia de nuestras ondas cerebrales influyen en nuestros estados emocionales, mentales, comportamientos y  procesos de aprendizaje o cognitivos.

Mediante la terapia de sonido, en especial con diapasones y música terapéutica  (binaural o con efectos sicoacústicos), es posible afectar en pocos minutos la actividad  eléctrica del celebro y lograr estados de relajación.

Al trabajar con determinados diapasones, dos al mismo tiempo, y con intervalos de quinta justa, es posible equilibrar la actividad de los dos hemisferios cerebrales y llevarlo a ondas Alfa y Theta. De esta manera, le damos al cuerpo uno de los mayores regalos: la relajación. A partir de allí, el terapeuta puede ayudar a la persona a encontrar un mejor estado emocional, mental y físico.

El cuerpo es sabio, toma las frecuencias que necesita para hacer este proceso, con la ayuda del terapeuta de sonido. Por eso también, en ocasiones, durante la terapia de sonido, el organismo decide ir a estado Theta, para darse un tiempo antes de revivir o afrontar estados emocionales que necesita sanar. Si es constante, muy probablemente los sanará en pocas sesiones. El sonido es una forma natural de armonizar y equilibrar el cuerpo.

 

TODO VIBRA

TODO VIBRA

TODO VIBRA

Todo en el universo vibra y está en estado de movimiento. Hay vibración en todo lo que nos rodea, a distintas frecuencias, y en nosotros también. Nuestro cuerpo vibra en todos sus niveles; cada célula, órgano, tejido, glándula, hueso y fluido corporal tiene su propio y único patrón de frecuencia. Los distintos órganos del cuerpo tienen una frecuencia natural de vibración que se altera cuando existe una disfunción o enfermedad.

Mediante el principio de resonancia (o vibración por simpatía), el sonido puede ser utilizado para hacer que frecuencias inarmónicas del cuerpo vuelvan a sus vibraciones normales y saludables.

Por medio del uso del sonido creado exteriormente y proyectado en la zona enferma, es posible reintroducir el patrón armónico correcto en esa parte del cuerpo afectada y generar una reacción terapéutica, que restaure la frecuencia de vibración natural. Sabemos que por medio del sonido es posible cambiar los ritmos de nuestras ondas cerebrales, así como los latidos de nuestro corazón y nuestra respiración.

El uso del sonido para la sanación y la alteración de los estados de conciencia no es nada nuevo. Desde las tradiciones primitivas ha estado presente, así como en muchas religiones. El filósofo griego Pitágoras (siglo VI a.C.), el padre de la geometría, que hablaba de la “Música de las Esferas”, en su escuela en la isla de Crotona, donde enseñaba los misterios del universo, había 3 niveles de iniciación.  En el tercero y más alto nivel, los electi, recibían enseñanzas de los procesos secretos de la transmutación psíquica y de la sanación por medio del sonido y la música.

Existen ya multitud de investigaciones científicas que acreditan la interacción del sonido y la materia, y de los efectos beneficiosos de determinadas frecuencias en nuestro cuerpo. Dorinne S. Davis, por ejemplo, nos explica en su libro Sound Bodies Through Sound Therapy (2004) cómo el sonido actúa primero en el cuerpo físico (por resonancia simpática) incidiendo directamente en la patología, y a continuación en la mente y las emociones. Autores como Jean Bealieu (Música, sonido y curación), Don G. Campbell (El efecto Mozart), Mitchell L. Gaynor (Los sonidos que curan), Jonathan Goldman (Sonidos que sanan); y los más tres más recientes libros del catalán Jordi A.  Jauset (Música y neurociencia: la musicoterapia; Sonido, música y espiritualidad; y La terapia del sonido ¿ciencia o dogma?) dan cuenta de los innumerables estudios relacionados con la sonoterapia y la musicoterapia.

CÓMO NOS AFECTAN LAS DISTINTAS VIBRACIONES

CÓMO NOS AFECTAN LAS DISTINTAS VIBRACIONES

“Nada está inmóvil, todo se mueve, todo vibra”.

Kybalion

 

La ciencia actual ya ha confirmado este Tercer Principio del Universo, escrito en el Antiguo Egipto  y recogido posteriormente (en el s. XIX) en el Kybalión. Todo se encuentra en continuo movimiento, en continua vibración y transformación, incluido nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo está formado por órganos, conformados por tejidos, que a su vez están formados por células, compuestas de moléculas y átomos, siempre en continuo movimiento. Pero no solo a nivel físico estamos en continua vibración. También lo estamos a nivel mental, emocional y espiritual. Cada uno de nuestros pensamientos, emociones o sentimientos tiene una frecuencia de vibración específica. Todo el universo es energía vibrando en diferentes frecuencias. Nuestros pensamientos y emociones también tienen una vibración, las plantas y los alimentos que comemos, los animales, los objetos… Nuestra vibración también afecta a otros organismos. Inclusive un pensamiento nuestro puede afectar los cristales de agua…