CÓMO AFECTA LA MÚSICA NUESTRO CEREBRO

CÓMO AFECTA LA MÚSICA NUESTRO CEREBRO

Música y dopamina

 

¿Sabías que la música tiene efectos muy positivos a nivel fisiológico sobre las hormonas? La música puede cambiar la química de nuestro cerebro. No solo eso: guardamos la música que hemos escuchado a lo largo de nuestra vida en una especie de “plantillas” que dan forma a una parte de nuestra corteza cerebral.

 

La neuromusicología

Es la unión de música y cerebro. Esta nueva rama de la neurociencia (dedicada a estudiar el cerebro humano) trata de entender cómo la música puede afectar  los procesos cognoscitivos, afectivos y sensoriales del cerebro. Nació en 1985 con las investigaciones de G. L. Shaw, D. J. Silverman y J. C.Pearson. Comprobaron cómo la estructura física del cerebro crea patrones según lo que oímos.

Hoy, en las redes sociales, no es extraño ver posts sobre los efectos de la música en personas con Alzheimer, y cómo escuchar su música favorita o cantar les ayuda a estar mejor emocionalmente, a reducir el estrés, la ansiedad, los movimientos involuntarios, etc. Incluso a recordar cómo bailaban cuando eran jóvenes. Se ha comprobado que la música la guardamos en nuestro cerebro en otras áreas diferentes de los demás recuerdos.

Como dice Fátima Pérez-Robledo, musicoterapeuta de la Fundación Alzheimer España:  “Los recuerdos que más perduran son los que están ligados a una vivencia emocional intensa y justo la música con lo que está más ligado es con las emociones y la emoción es una puerta al recuerdo”.

La música es un lenguaje. Pero sobre todo es arte y ¡emociones!

 

 

La música y las hormonas

Tenemos 65 tipos de hormonas en el cuerpo. Algunas de ellas son vitales para nuestro organismo.  Son sustancias químicas que afectan y regulan un sinnúmero de células, tejidos, actividades y funciones de nuestro cuerpo. Muchas tienen gran repercusión en nuestras emociones. De hecho, no es extraño oir hablar de “la hormona de la felicidad” (la serotonina), o la “hormona del placer” (la dopamina) o la “hormona del estrés” (el cortisol).

Los científicos han descubierto que cuando escuchamos una música que nos gusta mucho o nos causa un gran placer, nuestro cerebro se inunda de dopamina. Escuchar cierta música también ayuda a reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés y la ansiedad. ¿Y qué sería de una escena de terror en una buena película sin su música apropiada para que nuestra amígdala cerebral reaccione adecuadamente ante el miedo e incluso llegue a tener la sensación de amenaza?

La dopamina y el núcleo accumbens

La dopamina se produce en el hipotalamo y su secreción está ligada a situaciones agradables. La comida y el sexo, por ejemplo, también estimulan la producción de dopamina en determinadas áreas del cerebro.

La dopamina interactúa en varias funciones cerebrales, como el aprendizaje, la memoria, la motivación y la recompensa ante estímulos placenteros. También afecta el sueño, el humor, la atención e influye en la coordinación de ciertos movimientos musculares.

Hay un área en nuestro cerebro, llamada el núcleo accumbens, que se encarga de clasificar las sensaciones que percibimos.

Levitin y Vinod Menon, de la Universidad de Stanford, fueron los primeros en mostrar en 2005 el papel del núcleo accumbens en la música, así como los múltiples estudios de Aniruddh (Ani) Patel, Ph.D., de la Universidad de Tufts. Desde entonces ha habido muchas investigaciones sobre el tema, entre ellas la de 2019, con la participación de la Universidad de Barcelona, el UB-IDIBELL de Bellvitge y el Montreal Neurological Institute de la Universidad McGill de Canadá, entre otros.

Mediante técnicas PET (tomografía por emisión de positrones) y fMRI (imagen por resonancia magnética funcional), se ha comprobado cómo al escuchar nuestra música favorita se libera dopamina en este núcleo accumbens (también llamado el “centro del placer” del cerebro).

Al liberar dopamina se crean conexiones entre el núcleo accumbens y otras áreas del cerebro como la amígdala cerebral, que reacciona ante las emociones; el hipocampo, que interviene en el aprendizaje y la memoria; y la corteza prefrontal  ventromedial, que participa en la toma de decisiones emocionales.

“Las plantillas” de nuestra música

Los científicos también han descubierto que no solo liberamos dopamina ante una música que nos gusta muchísimo, sino que también guardamos una especie de “plantillas” de la música que hemos escuchado a lo largo de toda nuestra vida.

En la superficie de la corteza cerebral tenemos unas elevaciones tortuosas o convoluciones llamadas circunvoluciones o giros cerebrales. Algunos de estos giros tienen nombres particulares. Uno de ellos es el giro temporal superior. Es aquí donde almacenamos la música que hemos escuchado, donde guardamos “las plantillas” de nuestras músicas. Resulta que el tipo y estilos de música que hemos escuchado a lo largo de nuestra vida influye en cómo se forma este giro temporal superior.

¡Qué cosas tiene la música! ¡Y cuán maravillosa puede ser para ayudarnos a estar mejor!

Vive el poder del sonido

¿Quieres vivir una sesión de terapia con sonido y música? 

DEPENDENCIA EMOCIONAL Y MUSICOTERAPIA

DEPENDENCIA EMOCIONAL Y MUSICOTERAPIA

 

¿Repites una y otra vez los mismos patrones en tus relaciones amorosas, siempre insatisfactorias?

¿Relaciones de dependencia, acoso, inseguridad, celos, miedos, desconfianza, manipulación, maltrato sicológico y emocional?

¿En las que no te sientes valorada?

¿En las que siempre, al final, eres tú quien tiene que ceder en aras de la relación?

¿La que, según tu pareja, eres la conflictiva, celosa, culpable, exagerada, insegura, etcétera, etcétera, etcétera?

 

En una relación sana no debe haber miedo, ni dolor, ni daño, ni celos, ni  desconfianza, ni inseguridades ni manipulaciones…

 

 

PROGRAMA Música Terapéutica Personalizada Plus

Con MUSICOTERAPIA y DIAPASONES te ayudo a solucionar estos patrones emocionales que te impiden ser feliz hoy, una terapia vibracional que sana sin necesidad de palabras… A través del sonido te llevo a un estado profundo de relajación, allí donde el cuerpo puede autosanarse, para liberarte de bloqueos emocionales y energéticos que te impiden vivir hoy de forma más plena y feliz.

Y con la ASTROLOGÍA  te ayudo a entender qué energías hay en ti que te hacen atraer o caer en este tipo de relaciones. Muchos grandes médicos de la Antigüedad eran astrólogos también. Emprender el camino del conocimiento de tu carta astral es abrirte a tu viaje personal hacia el crecimiento espiritual. Porque “como es arriba, es abajo”.

 

Sonido y Astrología, dos potentes herramientas al servicio de nuestro bienestar físico, emocional, mental y espiritual.

 

Te aseguro que:

  • Te sentirás mejor
  • Conectarás con tu esencia
  • Entenderás tus energías
  • Sabrás por qué atraes determinado tipo de personas
  • Conocerás lo que tu iris dicen de tu esencia
  • Conocerás cuál es tu temperamento, desde la Astrología Clásica
  • Te liberarás de muchas emociones incompletas grabadas en tu cuerpo
  • Podrás conectar mejor con lo que hoy quieres ser y hacer
  • Y, sobre todo, sanarás tu autoestima para poder brillar por lo que tú vales

No esperes más. AHORA es tu momento.

Sé de lo que hablo. ¡¡Yo esperé 15 años!!  Eran otros tiempos…

 

¿A QUÉ FRECUENCIA VIBRAN TUS NEURONAS?

¿A QUÉ FRECUENCIA VIBRAN TUS NEURONAS?

Todo vibra y, por tanto, podemos decir que todo tiene un ritmo. Nuestro cerebro  también tiene un ritmo, que son las ondas cerebrales: pequeñísimos impulsos eléctricos que van de neurona en neurona. De esta manera se comunican los trillones de neuronas que tenemos en nuestro cerebro, que hoy es muy fácil medir a través una electroencefalografía.

 

Sabemos que existen 5 ritmos u ondas cerebrales,

De distinto voltaje, que  generan  campos electromagnéticos de distinta frecuencia (vibraciones por segundo):

Ondas Delta (frecuencia 0,5 Hz – 3,5 Hz)

10 – 50 micro voltios. Es el estado de sueño muy profundo, trance,  hipnosis profunda. Es esencial para la autorregulación, para fortalecer el sistema inmunitario  y la sanación de nuestro organismo. Para algunos, es la energía original. Cuando hablamos de un “sueño reparador”, ésta es la etapa esencial. Por eso es muy importante solucionar los problemas de sueño o insomnio continuados o crónicos.

 

Ondas Theta (frecuencia 4 Hz -8 Hz)

50 – 100 micro voltios.  Es el estado que normalmente tenemos cuando estamos a punto de dormirnos, de somnolencia. Va desde el sueño superficial al profundo (4 Hz). Ocurre cuando hay un equilibrio entre los hemisferios izquierdo y derecho, es decir, cuando vibran a la misma frecuencia. Es un estado de relax físico y mental, meditación, inspiración, armonía. Mayor capacidad de aprendizaje. También puede surgir como un mecanismo de defensa, de reactividad emocional, para no revivir eventos dolorosos o traumas del pasado.

 

Ondas Alfa (frecuencia 8 Hz – 12 Hz)

100 – 150 micro voltios.  Es el estado de relajación ideal, calma, optimismo, mente tranquila, sin discurso mental continuo, muy adecuado para la creatividad y visualización. Nos centramos más en nuestro interior y nos desconectamos del exterior.

 

Ondas Beta (frecuencia 15 Hz – 18 Hz)

150 – 200 micro voltios.  Es la frecuencia habitual cuando estamos despiertos, muy probablemente en la que estás ahora al leer este post. Es un estado de alerta máxima, nos enfocamos más en el exterior;  en el que procesamos el lenguaje, podemos hacer cálculos matemáticos, conducir, etc. Por encima de esta frecuencia ya empezamos a estar estresados.

 

Ondas Gama (frecuencia 40 Hz en promedio)

Más de 200 micro voltios.  Alto nivel de estrés. Es la actividad eléctrica más alta del cerebro, puede llegar a los 100 Hz. Sucede cuando distintas zonas cerebrales se ponen en marcha a la vez, por ejemplo cuando las neuronas están trabajando demasiado rápido, en procesos complejos, que exigen mucha concentración y coordinación de distintas áreas del cerebro: una alta concentración al hacer un cálculo matemático, sentir pánico, un ataque de ansiedad, la meditación de monjes budistas, etc.

 

¿Qué tiene que ver esto con el  sonido terapéutico?

Gracias a las investigaciones de neurocientíficos y neurobiólogos, entre otros, sabemos cómo la frecuencia de nuestras ondas cerebrales influyen en nuestros estados emocionales, mentales, comportamientos y  procesos de aprendizaje o cognitivos.

Mediante la terapia de sonido, en especial con diapasones y música terapéutica  (binaural o con efectos sicoacústicos), es posible afectar en pocos minutos la actividad  eléctrica del celebro y lograr estados de relajación.

Al trabajar con determinados diapasones, dos al mismo tiempo, y con intervalos de quinta justa, es posible equilibrar la actividad de los dos hemisferios cerebrales y llevarlo a ondas Alfa y Theta. De esta manera, le damos al cuerpo uno de los mayores regalos: la relajación. A partir de allí, el terapeuta puede ayudar a la persona a encontrar un mejor estado emocional, mental y físico.

El cuerpo es sabio, toma las frecuencias que necesita para hacer este proceso, con la ayuda del terapeuta de sonido. Por eso también, en ocasiones, durante la terapia de sonido, el organismo decide ir a estado Theta, para darse un tiempo antes de revivir o afrontar estados emocionales que necesita sanar. Si es constante, muy probablemente los sanará en pocas sesiones. El sonido es una forma natural de armonizar y equilibrar el cuerpo.

 

CÓMO ACTÚA EL SONIDO EN EL CUERPO

CÓMO ACTÚA EL SONIDO EN EL CUERPO

Cómo viaja el sonido por el cuerpo

El sonido entra por el sistema auditivo pero también por los huesos craneales, que están en contacto con el líquido cefalorraquideo. Esto es especialmente importante cuando trabajamos con diapasones.

El sonido viaja dentro de nuestro cuerpo, a 1500 m/seg  ¡cuatro veces más rápido que en el aire!

Viaja a través del tejido conectivo (o conjuntivo), que es uno de los cuatro tejidos básicos del cuerpo. Abarca desde la superficie del cuerpo hasta el interior de las células. Comprende muchos tejidos, como: el adiposo, el óseo, el sanguíneo, el linfático y muchos más.

Los elementos básicos del tejido conjuntivo son las células, las fibras y una sustancia fundamental, gelatinosa e incolora, que está compuesta, entre otras cosas, de agua. ¡He ahí una de las claves!

La mayoría de nuestros órganos y tejidos tienen al menos un 70% de agua. Los riñones tienen más, entre 80 y 85%. Hace decenios que ya sabemos el poderoso efecto del sonido en el agua (podéis ver muchas webs y videos en YouTube que ilustran el tema).

La música que nos gusta y la que nos molesta usa los mismos mecanismos para activarnos.

Expansión y contracción

Terminamos este breve repaso de algunos conceptos esenciales de la sonoterapia y musicoterapia hablando sobre la expansión/contracción. Un movimiento, compuesto de dos fases, que es esencial, vital para el ser humano. Está presente en nuestra respiración, en el latido cardíaco y en el impulso rítmico craneal (IRC).

 

¿Y qué tiene que ver con la música o el sonido?

Pues que este movimiento de expansión/contracción está asociado a uno de los intervalos más importantes en la sanación: la quinta justa. Es ni más ni menos que la quinta pitagórica la que tiene el ratio 1,5:1 (o, expresado de otra manera, en el monocordio de Pitágoras es 3/2).

Para los pitagóricos era uno de los tres intervalos más puros, más armónicos del universo, junto con la octava y la cuarta justa. Probablemente no lo sabían pero el intervalo de quinta justa, visto hoy con un osciloscopio, genera una forma similar al símbolo de infinito, un movimiento de expansión/contracción, igual que el que está presente en el impulso rítmico craneal (IRC), un mecanismo básico de autosanación del cuerpo, algo que conocen muy bien los profesionales que hacen terapia craneo-sacral.

Lo que buscamos con la sonoterapia y la musicoterpia es precisamente

crear un movimiento en el cuerpo, un flujo energético, que le ayude a encontrar su equilibrio y armonía.

 

El cuerpo toma del sonido las frecuencias que necesita para recuperar su equilibrio, para ablandar los tejidos conectivos contraídos por emociones incompletas, enfermedades, desequilibrios de salud, etc.

 

TODO VIBRA

TODO VIBRA

TODO VIBRA

Todo en el universo vibra y está en estado de movimiento. Hay vibración en todo lo que nos rodea, a distintas frecuencias, y en nosotros también. Nuestro cuerpo vibra en todos sus niveles; cada célula, órgano, tejido, glándula, hueso y fluido corporal tiene su propio y único patrón de frecuencia. Los distintos órganos del cuerpo tienen una frecuencia natural de vibración que se altera cuando existe una disfunción o enfermedad.

Mediante el principio de resonancia (o vibración por simpatía), el sonido puede ser utilizado para hacer que frecuencias inarmónicas del cuerpo vuelvan a sus vibraciones normales y saludables.

Por medio del uso del sonido creado exteriormente y proyectado en la zona enferma, es posible reintroducir el patrón armónico correcto en esa parte del cuerpo afectada y generar una reacción terapéutica, que restaure la frecuencia de vibración natural. Sabemos que por medio del sonido es posible cambiar los ritmos de nuestras ondas cerebrales, así como los latidos de nuestro corazón y nuestra respiración.

El uso del sonido para la sanación y la alteración de los estados de conciencia no es nada nuevo. Desde las tradiciones primitivas ha estado presente, así como en muchas religiones. El filósofo griego Pitágoras (siglo VI a.C.), el padre de la geometría, que hablaba de la “Música de las Esferas”, en su escuela en la isla de Crotona, donde enseñaba los misterios del universo, había 3 niveles de iniciación.  En el tercero y más alto nivel, los electi, recibían enseñanzas de los procesos secretos de la transmutación psíquica y de la sanación por medio del sonido y la música.

Existen ya multitud de investigaciones científicas que acreditan la interacción del sonido y la materia, y de los efectos beneficiosos de determinadas frecuencias en nuestro cuerpo. Dorinne S. Davis, por ejemplo, nos explica en su libro Sound Bodies Through Sound Therapy (2004) cómo el sonido actúa primero en el cuerpo físico (por resonancia simpática) incidiendo directamente en la patología, y a continuación en la mente y las emociones. Autores como Jean Bealieu (Música, sonido y curación), Don G. Campbell (El efecto Mozart), Mitchell L. Gaynor (Los sonidos que curan), Jonathan Goldman (Sonidos que sanan); y los más tres más recientes libros del catalán Jordi A.  Jauset (Música y neurociencia: la musicoterapia; Sonido, música y espiritualidad; y La terapia del sonido ¿ciencia o dogma?) dan cuenta de los innumerables estudios relacionados con la sonoterapia y la musicoterapia.

DIAPASONES INNER SOUND

DIAPASONES INNER SOUND

DIAPASONES INNER SOUND

El set completo está conformado por 13 diapasones de aluminio, afinados siguiendo una espiral de intervalos de quintas justas (que equivale a una relación o ratio de 2/3). El rango de frecuencia va desde 31,46 Hz hasta 4081,81 Hz.

 

El diapasón de frecuencia más baja está afinado 2 octavas por encima de la frecuencia de la cavidad terrestre o resonancia de Schumann, que en promedio es de 7,865 Hz.

 

Se utilizan siempre por pares, uno al lado de cada oído, con la finalidad de que se produzca un movimiento organizado de expansión y contracción que viajará por todo el cuerpo, lo que ayuda al lograr un estado de relajación y equilibrio profundo. En los estados de vagotonía, de sueño, profunda relajación o meditación, es cuando mejor se pueden lograr los procesos de regeneración celular y sanación.

CIMÁTICA: LOS EFECTOS DEL SONIDO SOBRE LA MATERIA

CIMÁTICA: LOS EFECTOS DEL SONIDO SOBRE LA MATERIA

CIMÁTICA: LOS EFECTOS DEL SONIDO SOBRE LA MATERIA

Una de las investigaciones más importantes sobre los efectos de la vibración en la materia, y por lo tanto sobre el poder de curación del sonido,  provienen del Doctor en medicina y científico suizo Hans Jenny (1904 – 1972) a mediados del siglo XX.  Sus experimentos, a los que denominó cymatics (del griego “kyma”, que significa “onda”), demostraron cómo las distintas frecuencias afectan y transforman la materia.

 

El Dr. Jenny puso polvos finos, de arena y virutas de acero, sobre una placa de metal a la cual aplicó distintas frecuencias de sonido. Observó que según la frecuencia, las partículas se organizaban formando patrones determinados, formas geométricas, semejantes a mandalas. Si el sonido se detenía, el patrón colapsaba.

 

Cuando los sonidos son armónicos, los patrones son formas geométricas simétricas, muchos de los cuales coinciden con mandalas y formas sagradas presentes en distintas culturas. Ante sonidos estridentes, los patrones se deshacen y el caos aparece.

 

Antes que Jenny, en el siglo XVIII, Ernst Chladni (1756-1827), científico y músico alemán, considerado el fundador de la acústica, ya había experimentado con placas de metal, y de vidrio, cubiertas con arena fina. Al frotar con un arco de violín el borde de la placa, observó que la arena formaba patrones geométricos. Fue el primero en constatar que el sonido afecta la materia. Por eso a estos patrones se les conoce como “figuras sonoras de Chladni”.

 

Hoy en día se ha llegado a demostrar que para cada frecuencia de sonido existe una forma correspondiente, tal como se aprecia en el video de la entrada anterior.

EMOCIÓN Y SENTIMIENTO ¿HAY DIFERENCIAS?

EMOCIÓN Y SENTIMIENTO ¿HAY DIFERENCIAS?

EMOCIÓN Y SENTIMIENTO ¿HAY DIFERENCIAS?

Al parecer, no son lo mismo, de acuerdo con Damasio (El error de Descartes), entre otros investigadores. Las emociones se manifiestan en el cuerpo, mientras que los sentimientos son construcciones mentales. Ira, miedo, alegría, tristeza, odio, amor, vergüenza y sorpresa son emociones básicas, que generan determinadas reacciones fisiológicas. Por el contrario, los sentimientos son imágenes, recuerdos, construcciones mentales a partir de algo, son pasado; se pueden controlar porque en realidad son mentales. “Cuando el cerebro se hace consciente del efecto que ha provocado la emoción en el cuerpo, tenemos un sentimiento”, nos dice Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Los sentimientos son la evaluación consciente que hacemos de la percepción de nuestro estado corporal durante una respuesta emocional. Los sentimientos son conscientes, objetos mentales como aquellos que desencadenaron la emoción (imágenes, sonidos, percepciones físicas…). Las emociones que no se perciben como sentimientos son inconscientes y, sin embargo, pueden tener efecto sobre nuestras conductas. (Damasio Antonio)  

Las emociones son físicas

Desde la teoría de James-Lange en 1884, la primera teoría fisiológica de la emoción, diversos investigadores han estudiado las reacciones somáticas de las emociones: alteraciones en la presión, cambios en la frecuencia cardiaca y respiratoria, secreciones glandulares., etc. Estas reacciones, también presentes en los animales vertebrados, están codificadas en el sistema nervioso autónomo, en el proceso intervienen el hipotálamo, el tálamo, la amígdala… Las emociones tienen como primera misión proteger a la especie, nos ayudan a adaptarnos a estímulos, condiciones o demandas del medio ambiente. No son buenas o malas por ellas mismas. Lo positivo y lo negativo de nuestras emociones se produce cuando se bloquean, cuando no se completan o se activan dentro de un contexto inadecuado. “Una emoción reprimida no disminuye; por el contrario, se concentra y se convierte en una forma potencialmente tóxica, hasta que, por no liberarla, puede contaminar el conjunto del sistema psíquico. El resultado es una neurosis”, Stuart Walton. “Cada emoción tiene su propio ciclo temporal; si no se inhibe tardará un cierto periodo de tiempo hasta alcanzar su punto máximo, en el que se mantendrá durante un tiempo y finalmente volverá a su estado normal. Si la activación continúa, obviamente la emoción se mantendrá durante más tiempo. Si, por el contrario, la emoción se bloquea, ciertos cambios ocurridos con la emoción permanecerán activos, aunque ésta no llegará a completarse”, nos explican Arden y Jack Wilken, creadores de Inner Sound.  

Cómo trabajar los bloqueos emocionales

Las emociones incompletas quedan registradas a nivel físico y sicológico, en el tejido conjuntivo, en forma de bloqueos energéticos, contracciones y tensiones musculares, corazas, defensas emocionales, etc. “Creamos un sistema de defensa para esconder nuestras memorias emocionales del dolor. Éstas se almacenan en el cerebro como representaciones de lo que realmente ocurrió”, nos explican Arden y Jack Wilken. La terapia de sonido, la Integración postural, el Rolfing, el Análisis bioenergético, entre otras terapias bioenergéticas, buscan trabajar estos bloqueos energéticos registrados en el tejido conjuntivo, bien sea desde la parte externa del cuerpo, ejerciciendo presión y calor (Rolfing), o mediante posturas físicas que permiten trabajar las zonas bloqueadas del cuerpo (Integración postural) o desde la parte interna del tejido conjuntivo, mediante vibraciones y resonancia simpática (Terapia con diapasones) o desde la activación del sistema emocional mediante música especialmente diseñada para tal fin. “La música puede permitirnos contactar con una parte de nosotros mismos, ayudarnos a experimentar nuestros sentimientos y a ser más conscientes de ellos. La activación del sistema emocional puede ser uno de los primeros pasos para desbloquear la mayoría de traumas profundos que están acumulados en la musculatura del cuerpo y en los tejidos conjuntivos llegando hasta las células”. Estos bloqueos están anclados de tal forma que interfieren en la frecuencia natural de vibración del cuerpo. “Igual que la cuerda del violín vibra cuando suena la misma nota en un piano (por resonancia simpática), la sinfonía del cuerpo revive cuando suena su música”. (El viaje del sonido en el cuerpo)
LOS DIAPASONES DE LOS PLANETAS

LOS DIAPASONES DE LOS PLANETAS

LOS DIAPASONES DE LOS PLANETAS

Junto a los diapasones Inner Sound, basados en la espiral de intervalos de Quintas Justas, hoy en día podemos encontrar otros muchos sistemas de diapasones de uso terapéutico, entre ellos: los diapasones de frecuencias Solfeggio, los de la escala pitagórica, los OTTO, los OM y los “planetarios” de Hans Cousto, sobre los que hablaremos en este post.

La Tierra:

Nuestro planeta tarda 365,25636042 días en girar alrededor del Sol, lo que equivale a  = 31556925,54 segundos.

La frecuencia de la Tierra sería:

1/31556925,54 segundos =  0,000 000 03168 Hz

Esta frecuencia obviamente está fuera de nuestro rango audible. Aplicando el principio de la octava, Cousto la multiplico por 2 tantas veces como fuera necesario, hasta lograr una frecuencia audible por el hombre (entre 16 a 20.000 Hz):

32 octavas = 136,10 Hz  (cercano al Do sostenido, de la tonalidad afinada a LA = 440 Hz).

Hans Cousto, matemático y musicólogo suizo, creó en 1978 una serie de diapasones basándose en las frecuencias orbitales de los planetas. Aplicando la ley natural que llamó “La Octava Cósmica” transformó estas frecuencias orbitales en frecuencias audibles por el ser humano, es decir, entre un rango de 16 a 20.000 Hz.

 Veamos algunos ejemplos:

 

Mercurio:

Mercurio tarda 87,969 días en girar alrededor del Sol, lo que equivale a

7600522 segundos.

La frecuencia orbital de Mercurio es:

1/7600522 segundos =  0,000 000 03116 Hz

Aplicamos la Octava cósmica:

(0,000 000 03116 Hz x 2) 2^29 = 141,27 Hz

Es decir, la frecuencia 141,27 Hz está 30 octavas por encima de la frecuencia orbital del planeta Mercurio.

Frecuencias de los diapasones planetarios de Hans Cousto.